El Laberinto
Ayer me pasó una cosa que me hizo reflexionar. Resulta que cerca de Alonso Martínez hay una conocida ludoteca llamada El Laberinto: un sitio maravilloso donde sirven cerveza y donde se puede jugar a una variedad ingente de juegos de mesa, de cartas, incluso de ordenador. Este es el escenario donde va a tener lugar el relato.
Iba yo paseando tranquilamente ayer por las pequeñas calles que existen pacíficamente entre Tribunal y la porpia plaza de Alonso Martínez, después de haber disfrutado de un ingente número de cervezas junto con una compañero del curro y su esposa. Mi vestimenta se componía de una americana azul marino, una camisa azul claro, y unos pantalones de pinzas también azul marino. Mi mente vagaba agradablemente en esa dulce nube en la que me sume una cantidad razonable de cerveza, mientras que mis ojos vagabundeaban por los escaparates de las tiendas, los semáforos, las madrileñas personas que van de un lado para otro a la velocidad del rayo, los coches, en fin, de todos esos objetos y sujetos variopintos y maravillosos con los cuales comparto ciudad, disfrutando sánamente de estar perdiendo el tiempo; y saboreando aun más esa sensación al darme cuenta de que por donde quiera que pasara no encontraba a nadie que compartiese mi fortuna.
En esas estábamos cuando desemboqué en la calle San Mateo, calle de una sola dirección en la que está ubicado la ludoteca que he descrito arriba. Entonces me puse a recordar aquellos tiempos en los que solía frecuentar el local para jugar a Séptimo Mar (juego que me apresuro a recomendar desde aquí), y decidí acercarme a tomar una cerveza y a recordar viejos tiempos.
El chaval de la barra no dio muestras de reconocerme cuando pasé por la puerta. Nada había cambiado. Seguía siendo el mismo antro acogedor y bien iluminado que en su día me encantó. El chaval tampoco había cambiado. Fue como retroceder año y medio. Maravilloso :).
Levantó la vista del dragón (precioso) que estaba pintando de verde y me preguntó si deseaba algo, a lo cual respondí con un parco "Si, una caña". Una vez tuve la caña en mi poder me fui a la zona autista, que es una barra larga donde se amontonan juegos para los que no se necesita más de una persona y me dispuse a perder un rato más el tiempo intntando descifrar esos sufridos puzzles. Pero nada más acodarme en la barra y de deshacer el puzzle verde de los topos para hacerlo de nuevo, oí al chico de la barra sentarse de nuevo a la mesa donde le esperaban otros tres compañeros, y retomar una conversación con la chica que estaba sentada a su lado. Frase y media fue lo único que necesité para darme cuenta de que era una conversación que había oido muchas veces en una situación muy concreta: un/a chico/a bien se piensa que los roleros somos hordas de ojos enrojecidos, sedientos de violencia y armados con katanas, cuya principal actividad es hacer sacrificios a Belcebú y descuartizar porteros por las esquinas, y un/a veterano/a rolero/a que, en vez de mandar al carajo a dicho sujeto, se dedica pacientemente a intentar horadar el duro caparazón de la desinformación social, agarrado firmemente al cerebro del mismo.
La conversación duró un cuarto de hora más o menos. Cinco minutos menos de los que tardé en beberme la cerveza y pasar por todos los juegos de la barra. Luego, ya decidido a irme, me dispuse a pagar, con lo que el chico se levantó de nuevo y se dirigió a la barra. Mientras me cobraba le pregunté que si estaba de taller de pintura (pregunta tonta de rspuesta obvia), con ánimo de entablar conversación y ver si me reconocía de una vez. Su respuesta fue "Sí, aquí estoy con estos frikis".
Nota del autor: en otro post hablaré de los frikis y de cómo reconocernos indefectiblemente. La pista está en la frase anterior. Un gamusino a quien lo adivine ;).
Entonces yo le contesté que los frikis éramos una raza básica. Entonces me miró de arriba abajo, evaluándome a ver si estaba de cachondeo, y después de un par de segundos sonrió un poco y apostilló: "Pues no te hacía siendo uno".
Y yo me pregunto: ¿Por qué?
Yo conozco frikis de todo tipo y condición, y alguno incluso se ajusta a la estética de la perilla, los pelos largos y la camiseta de Blod Guardian. Pero he de reconocer que me dejó descolocado el darme cuenta de la separación que había entre nosotros dos, simplemente por que yo llevaba una americana.
Después de pensarlo he llegado a la conclusión de que debe ser la conjunción de dos corrientes: la primera consiste en que la sociedad no considera normales a los frikis. La segunda es que ni los mismos frikis se consideramos normales, o por lo menos no demasiado. Si a eso le unimos la habitual desconfianza del ser humano a todo aquello que considere ajeno, tendremos de nuevo un grupo social con sus propias e identificables características, sus propias costumbres, su propia forma de pensar. Pero hay un matiz importante, que es un grupo abierto. Es tan abierto que no hay nada que nos una excepto el amor apasionado por un tema.
En fin, voy a seguir currando, que me están empezando a mirar mal. Hasta dentro de un rato.
jueves, julio 15, 2004
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